Brandon McNulty logró un triunfo sorpresivo en el Mundial, rompiendo una sequía de décadas para Estados Unidos gracias a una estrategia de equipo impecable.
En la previa del Mundial, Tom Pidcock ya había destacado la profundidad del equipo estadounidense. El tiempo le dio la razón, no solo por el oro de Brandon McNulty, sino también por las destacadas actuaciones de Quinn Simmons y Matteo Jorgenson, quienes terminaron en el cuarto y octavo lugar respectivamente.
La estrategia detrás del milagro
Para McNulty, el triunfo fue casi un milagro. «Hablamos de esto con mi esposa y hasta hice algunas bromas, pero realmente no tenía seguridad de lograrlo», confesó. El equipo trabajó en conjunto para neutralizar a corredores de peso como Mathieu Van der Poel y Tom Pidcock, permitiendo a McNulty ejecutar su ataque a poco más de 32 kilómetros de la meta.
«Dejamos nuestros egos de lado un poco, decidimos que queríamos un norteamericano ganador de la carrera», reveló Matteo Jorgenson. «Creo que hicimos una carrera perfecta, con Quinn siguiendo el movimiento de Van Aert y Van der Poel para neutralizarlos».
El trabajo en equipo fue clave para aprovechar el desgaste de rivales como Isaac Del Toro, quien gastó mucha energía intentando seguir el ritmo. «Este debe ser el triunfo del que estoy más orgulloso», concluyó Jorgenson, quien también jugó un rol crucial como secante.
Un futuro prometedor para las clásicas
El éxito de McNulty en pruebas de un día reafirma su potencial, habiendo demostrado en el pasado su capacidad en competencias como Strade Bianche y en el Mundial. Jorgenson, por su parte, podría centrar sus esfuerzos en clásicas y eventos de una semana, donde ya ha mostrado destellos de su talento.
Con información de Ciclismo Internacional.






